La soledad es buena


La soledad es buena

La soledad es buena de vez en cuando, es un tiempo que rellena el espacio vacío y te hace pensar, reflexionar, entender lo que ha pasado. La soledad te hace caminar más despacio, te hace contar cada paso que das y también te hace preguntarte hacia adónde vas, porque es como un sentimiento que te inunda el alma de esperanzas.

Hay días en que la soledad es la única visitante, días en los que la soledad es tu mejor compañera porque no te dice nada ni te reclama nada y sientes que no puede haber nadie más en el mundo que te entienda. Si puedes estar en soledad entenderás y aprenderás a aceptar las cosas que no puedes cambiar en lugar de luchar inútilmente contra ellas.

Estar solo o sola no significa que te hayas alejado del mundo, porque puedes estar rodeado de muchas personas y aún así sentir un vacío que nadie puede llenar. Es ese instante en que aprendes que la soledad no es tan mala después de todo y que te ayuda a sanar heridas, a cultivar esperanzas y a recomponerte las alas para emprender el vuelo nuevamente.

La soledad es buena cuando te inspira a encontrarte a ti mismo/a, y curiosamente te hace reflexionar sobre lo importante que son las personas que están a tu lado y cuánto debes valorarlas, porque uno aprende a valorar más a la gente cuando están lejos de uno. La soledad te hace abrazar las ausencias, los caminos que no están ya o los que aún quieres recorrer.

Algunas personas le tienen miedo a la soledad. La soledad es una buena excusa para estar en compañía de Dios, para apreciar mejor las cosas que te rodean, para contemplar el tiempo que pasa en total quietud, la brisa que recorre tu rostro despacio y el viento que te despeina el cabello en un atardecer, ese sonido de un pájaro mientras va muriendo el día.

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Solo cuando estás solo/a eres capaz de entender que la felicidad es un sentimiento que nace en tu interior y que no depende de los demás. Es entonces cuando aprendes a sonreír sin temor, justo cuando nadie te ve…

2 comentarios

  1. Es triste, pero vivimos en la era de la soledad que está causada por un racionalismo materialista que lo envuelve y atrapa todo, que es como una losa que nos cae encima sin avisar y nos deja destrozados. Con una conveniencia absoluta de hacer lo que se antoje a cada uno sin tener escrúpulos, apoyado en la libertad individual como fin supremos por encima de los valores éticos. Es como si todos se doblegasen a lo que tienen en el ahora, porque no les queda otro remedio, tan sólo por esa razón lo aceptan, pero con las vistas puestas en algo superior, como un estado permanente precario y temporal, donde lo que sea sirve por el momento, pero a su vez carece de valor definitivo, con una inestabilidad e inseguridad insoportable.

    De tal manera que en algunos momentos me da por pensar que lo mejor sería no relacionarse demasiado con gente nueva desconocida, para no exponerse excesivamente a que nos conozcan demasiado, y de esa forma no arriesgarse a que nos desprecien por saber nuestras intimidades y flaquezas, para que luego nos menoscaben. Al cabo y al fin, lo bueno de la libertad es que carece de reglas fijas, cada uno se las crea así mismo, ya que a lo que a unos les emociona a otros les recochinea.

    No veo el pesimismo por ningún lado en mi texto, es una reflexión sobre la soledad, nada más. Hay casi seis millones de personas viviendo solas en el Estado español, sobre todo en las grandes ciudades, de las que la mayoría no han elegido su soledad, solamente la vida se lo ha impuesto sin pedirles opinión, por viudedad, por orfandad o por una separación conyugal por decisión propia o ajena, pero muchas veces es mejor estar solo que mal acompañado. Lo ideal es la compañía buena, pero no depende únicamente de nosotros mismos, tiene que haber otra persona que quiera estar a nuestro lado, no siendo siempre fácil o posible. En ocasiones la soledad es una bendición.

    No es lo mismo la soledad que vivir solo, ni tampoco sentirse uno solo con ser una persona solitaria, porque la soledad es bastante peligrosa para las mentes que no son muy fuertes, y que piensan demasiado como la mía, ya que precisamos ver a nuestro alrededor personas que piensen y hablen con nosotros, pero tampoco hay tantas personas que tengan algo interesante que decirnos, y cuando estamos más tiempo de la cuenta solos, creamos duendes en el vacío con los que comunicarnos. A mí me gusta a veces estar sin tener nadie a mi lado, lo busco adrede, pero no que sea una imposición, sino como una elección mía placentera y libre. Elijo a veces estar en soledad para evitar apechugar con las vicisitudes y las congojas ajenas, porque soporto mejor mi propio dolor que el ajeno.

    Uno de los mayores problemas que tienen las personas es que no pueden soportar la verdad y la soledad, debido a que en el sistema nos educan a ser dependientes de otros, a crear nuestras verdades a medida, a estar siempre con alguien para sentirnos felices y a gusto, a que nos den la razón, porque no sabemos qué hacer si no tenemos a alguien con quien estar, y eso nos conduce a tener que soportar y caer en multitud de tretas ocasionadas por esa necesidad, de cubrir esa carencia que tenemos que buscar en gente extraña, con todo el grave peligro que tiene eso.

    Hay demasiada soledad en la sociedad actual, de personas que son fracasadas y abandonadas, que tienen mucho miedo a relacionarse, y que intentan reconstruir su vida después de una ruptura sentimental sin conseguirlo, la mayoría de las veces traumática. Existe un cierto pudor para aceptar la soledad, porque es duro de vivir con nosotros mismos solos, no sabemos convivir sin compañía y nos deprimimos, no lo hemos aprendido, ni con los padres ni en la escuela. Por no saber sobrevivir a la rutina, al tedio y a la repetición, por lo que es preciso saber cambiar de costumbres continuamente, aunque se hagan las mismas cosas, hay que procurar hacerlas de diferente manera y novedosamente. Se puede ser feliz en soledad, pero necesitas tener una inteligencia muy desarrollada.

    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA©

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